Ricardo Ibáñez
September 2022

En los últimos días hemos sido testigos de cómo se profundiza el escenario de inestabilidad económica. Vimos en los principales medios que Chile se ubica en el tercer lugar de inflación en Latinoamérica, solo detrás de Venezuela y Argentina, de acuerdo con las últimas cifras declaradas por cada país. Además, conocimos el negativo pronóstico de una nueva crisis económica en Estados Unidos, que producirá una recesión para el 2023, tan dura como la vivida en 2008.

Claramente, un fenómeno mundial de crisis económica golpea a un país pequeño como el nuestro, en el que gran parte de los productos que consumimos son importados. A esto se suma que nuestra economía depende de grandes potencias mundiales que adquieren nuestros productos, como son la fruta y el cobre. De esa manera, si esas economías se recienten, la nuestra también lo hace.

En ese contexto, de crisis en el mundo, y con una inflación de un 14,1% en Chile, suben las tasas de interés, se desvaloriza nuestra moneda, y resulta más caro, no solo endeudarse, sino que renegociar y cumplir las obligaciones que ya hemos contraído en el pasado.

Estas deudas como están establecidas, con tasas de interés mensual, anual, van creciendo de una manera en que se hace prácticamente inabordable de pagar con las remuneraciones percibidas por los deudores. Sobre todo, en un escenario en que en Chile el 50% de las personas ocupadas registró en 2021 un ingreso promedio de hasta $457.690 mensuales (INE).

Desde ese punto de vista, un consejo para enfrentar esta crisis venidera es resguardar el endeudamiento a nivel familiar, no solicitar créditos para el consumo de corto plazo, generar políticas de ahorro al interior de nuestra economía doméstica, postergar decisiones de inversión y estar alertas frente a lo que se viene.

Hoy, hay que manejar los negocios con cautela, el endeudamiento con cautela, porque se viene, sin lugar a duda, un 2023 muy complejo para el bolsillo.